Museo Picasso Málaga presenta nueva exposición «El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso»

  • La exposición que presenta el Museo Picasso Málaga, El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso, muestra la obra de uno de los más reconocidos fotógrafos europeos de la primera mitad del siglo XX, quién con su trabajo contribuyó a elaborar la imagen universal del Paris eterno. Su trabajo se exhibe junto a obras de Pablo Picasso, Pierre Bonnard, Georges Braque, Lucien Clergue, Fernand Léger, Dora Maar y Henri Michaux, además de películas de época, carteles, partituras y abundante documentación.
  • Las fotografías de Brassaï invitan a quien las observa a pasear por el París del Sena, de Notre Dame, los lupanares y los mercados. Su evocación del universo social es notable en muchas de sus imágenes del ambiente intelectual, literario y artístico parisino de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, de Sartre a Beckett.
  • Esta exposición – organizada con el patrocinio de la Fundación Unicaja y la colaboración especial de Estate Brassaï succession, Paris; Institut Français, Sevilla; y Musée national Picasso-Paris – ilumina la relación profesional y de amistad que Brassaï mantuvo con Picasso que lo consideró como el mejor fotógrafo de su obra.
Brassaï (1899 – 1984) Autorretrato en el bulevar Saint-Jacques, París, 1930-1932
Gelatina de plata, 29,6 x 22,9 cm
Estate Brassaï Succession, Paris © Estate Brassaï Succession-Philippe Ribeyrolles

Procedente de Hungría, Brassaï llega a París en 1924. Poco a poco va descubriendo el dinamismo urbano y la particular idiosincrasia social de la gran metrópolis. Si primero explora sus noches, con el paso del tiempo llegará a realizar una precisa radiografía fotográfica de su arquitectura y de sus gentes. De este modo se integra en la fascinante comunidad intelectual y artística vanguardista parisina – de la que Picasso forma parte, convirtiéndose en uno de sus más brillantes testigos fotográficos. Pero Brassaï no es solamente fotógrafo, es también un artista proteico que dibuja, escribe, esculpe, decora y hace películas.
 
Como fotógrafo, Brassaï construyó una topografía visual de la ciudad de la luz (y de las sombras) de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, pero esta exposición quiere además mostrarlo como un creador prolífico. El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso presenta más de trescientas obras entre fotografías, dibujos y esculturas provenientes en su mayoría de los fondos de los archivos de la familia Brassaï (Estate Brassaï Succession). Mostrará además fotografías y obras de arte de Pablo Picasso junto a trabajos de de Pierre Bonnard, Georges Braque, Lucien Clergue, Fernand Léger, Dora Maar y Henri Michaux. Películas, carteles, partituras, programas de espectáculos y abundante documentación del París de aquellos años conforman un conjunto expositivo que transporta al visitante a una época y a una ciudad inolvidables.
 
La exposición se ha estructurado en cuatro secciones en las que se relacionan el cine, las artes visuales, la literatura y la música, en torno a la fotografía de uno de los más reconocidos fotógrafos europeos de la primera mitad del siglo XX. El recorrido se inicia con Quién es Brassaï, mostrando una producción artística que se caracteriza por su libertad de expresión; París de día, plasma escenas de la vida cotidiana como si se mostraran por primera vez; París de noche, es un viaje a través de una ciudad en sombras, evocando la melancolía que emanan sus calles y personajes; y Conversaciones con Picasso aúna trabajos de dos artistas que mantuvieron una larga relación profesional y personal.
 
El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso está organizada con el patrocinio de la Fundación Unicaja y la colaboración especial de Estate Brassaï succession, Paris; Institut Français, Sevilla y Musée national Picasso-Paris. Han prestado obra para esta exposición el Centre Pompidou, Paris; Musée national d’art moderne-Centre de créaton industrielle; Colección Abelló, Madrid; Collection La Cinémathèque Française; Fundació Museu Picasso de Barcelona; Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte – Faba; IVAM Institut Valencià d’Art Modern; Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf; Musée national Picasso-Paris; Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid; y Museum Ludwig Kóln, entre otras instituciones y colecciones.
 
EL OJO DE PARÍS
Brassaï, pseudónimo de Gyula Halász (1899-1984) es un fotógrafo húngaro conocido por sus trabajos sobre París, ciudad en la que desarrolló su carrera. Cuando tiene tres años, su familia se trasladó a la capital de Francia durante el año que su padre, profesor de literatura, enseñó en la Universidad de La Sorbona. De joven estudió pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes de Budapest, antes de alistarse en el regimiento de caballería de la armada austrohúngara durante la Primera Guerra Mundial. En 1920 se instaló en Berlín, para trabajar como periodista y estudiar en la Universidad de las Artes. En 1924 se traslada a París en donde residió el resto de su vida. Pronto estableció amistad con los escritores Henry Miller (quien lo definió en uno de sus escritos como «el ojo de París»), León-Paul Fargue y Jacques Prévert. Inspirado por sus asiduos recorridos noctámbulos por París, Gyula Halász pide una cámara prestada para atrapar la belleza de calles y jardines bajo la lluvia y la niebla. Fotografías realizadas mediante recursos poéticos, por lo que más que de un reportero gráfico, se puede hablar de un poeta con una cámara. Decide entonces firmar su obra con el pseudónimo de Brassaï, que significa «el de Brasso», su lugar de nacimiento, hoy en día perteneciente a Rumanía.
 
En los años treinta, París no era una fiesta: diversos acontecimientos estaban marcando una nueva era con importantes repercusiones económicas y políticas. Por una parte, la década se iniciaba con una de las mayores crisis económicas hasta entonces vivida, la Gran Depresión, que llevaría al colapso del sistema financiero y, consecuentemente, a la pobreza de miles de familias. Europa contempla la posibilidad de nuevos conflictos bélicos y revueltas que desembocarían en el auge de los totalitarismos. La cultura y el arte no eran ajenos a esos acontecimientos, pero irresistiblemente se dan cita en París marchantes y artistas que buscan en la ciudad de la luz una nueva vida artística y personal, acorde a sus ideales y con la libertad necesaria para hacerlos realidad.
 
El trabajo fotográfico que realiza Brassaï durante esos años ha contribuido a construir la imagen que todos tenemos de la capital francesa, con su evocación del universo artístico, social e intelectual. Radiografió esta gran ciudad, tanto de día como de noche, desde sus oscuros fondos hasta el resplandor de su ambiente social y artístico. La exposición El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso muestra la metrópoli moderna y cosmopolita por excelencia, en una Europa marcada por los grandes cambios de la historia industrial del siglo XIX y las exposiciones internacionales del principio del siglo XX. Una ciudad vivida y amada por él, y también por su colega y amigo, Pablo Picasso.
 
PASEOS NOCTURNOS
En 1932 publicó su primer libro fotográfico, «Paris de nuit» con fotografías nocturnas de alto contraste, a sangre y sin márgenes, protagonizadas por juegos de luces y sombras captados en calles, plazas, tejados, esquinas, jardines, edificios, monumentos… En sus recorridos noctámbulos, entre cigarrillo y cigarrillo, las farolas de gas, la niebla y las luces de los automóviles iluminan un París insólito, transformando el rigor clásico de la arquitectura y capturando la extraña belleza de sombras fugitivas. Sus negativos se convierten en fotografías en blanco y negro de acentuado misterio, unas imágenes que alteran la percepción de lo conocido. «Paris de nuit» supuso un auténtico suceso cultural y un merecido éxito con el que llamó la atención de las más destacadas revistas de arte, como Minotaure, una de las publicaciones culturales más relevantes de la época.
 
A Brassaï le gustaba decir que su lugar de nacimiento estaba muy cerca al del conde Drácula y que, como él, era un ser nocturno. Por ello, en varios de sus inolvidables foto libros, muestra un París alternativo, con escenas de prostíbulos y de bares en los que se divierten jóvenes, homosexuales, lesbianas y travestis. Al mismo tiempo reproduce escenas de la vida social de la ciudad, de la alta sociedad y de sus intelectuales.
 
RETRATANDO EL CÍRCULO INTELECTUAL
El propio fotógrafo califica los años 1932 y 1933 como los más importantes de su vida. En esos días conoció a los principales protagonistas de la vida cultural parisina – muchos de ellos también extranjeros – desarrollándose en sintonía con el entorno intelectual y las vanguardias artísticas que florecían en el París en aquellos años.
 
Sus primeras obras coinciden con el auge del surrealismo en Francia, que consideraba que la fotografía propiciaba el desdoblamiento simultáneo de la personalidad poética como sujeto y objeto. Pero aunque sus imágenes revelaban la misma atracción hacia el universo onírico que expresaban los surrealistas – y sus series dedicadas a los grafitis denotaban su interés por el carácter maravilloso del hallazgo fortuito y el mundo primitivo, Brassaï siempre negó su pertenencia a este movimiento. Sus fotografías, fundamentadas en la tradición realista, son imágenes evocadoras que condensan la atmósfera de un momento sin incurrir en la foto documental.
 
Brassaï formó parte del ambiente intelectual de la ciudad de las luces, del que también participa Picasso, en una época de ebullición artística. Fotografió a los monstruos sagrados de las artes de nuestro tiempo, muchos de ellos, sus amigos artistas: Pablo Picasso, Salvador Dalí, Alberto Giacometti, así como a prominentes escritores de la época como Jean Genet y Henri Michaux. Sus retratos muestran su gran habilidad para capturar la personalidad de sus modelos, elaborando un retrato colectivo del círculo intelectual.
 
EN LOS MUROS PARISINOS
Brassaï es el primero en la historia de la fotografía moderna en pensar intuitivamente en la cámara como una herramienta de disección de lo urbano. «El ojo de París», como le bautizó Henry Miller en uno de sus ensayos, también apuntó con su mirada hacia los dibujos, señales y garabatos hechos en las paredes de París. Signos e impresiones anónimas y populares que encontraba en los muros durante sus paseos por las callejuelas parisinas: rostros, símbolos, animales, huellas de manos, dibujos esquemáticos de trazos incisos, de un primitivismo cautivador que el fotógrafo eleva a estatus de «arte maldito», ya que para él trascienden del mero hecho de ser considerados expresiones de lo popular.
 
A lo largo de los años, Brassaï reúne todo un catálogo de las marcas que los habitantes de la capital han ido dejando en sus paredes mediante fotos que ningún editor quiso publicar hasta que finalmente fueron recogidas en el libro Graffiti (1961), tras manifestar Edward Steichen su admiración por este trabajo y su intención de organizar una exposición en el MoMA de Nueva York. Cuando Brassaï inmortalizó estas imágenes callejeras, el término de grafiti aún no estaba acuñado, y habría que esperar a los años 80 para que alcanzase su clasificación como arte urbano.
 
Creador prolífico, Brassaï realizó también dibujos y esculturas, escribió numerosos artículos y publicó diecisiete libros. Su película Tant qu’il y aura des bêtes ganó el premio a la película más original en el Festival de Cannes de 1956, y en 1978 fue galardonado con el Gran Premio Nacional de Fotografía de Francia.
 
BRASSAÏ / PICASSO. UNA AMISTAD
La fotografía ha acompañado constantemente a Picasso, no solamente como testimonio de su vida, sino a menudo como reveladora de su personalidad, de su obra y de su entorno. De las muchas relaciones que establece en París con escritores, ensayistas, dramaturgos o artistas visuales, la exposición en el Museo Picasso Málaga incide en la estrecha y fecunda relación profesional y personal que Brassaï mantuvo con Pablo Picasso.
 
En diciembre de 1932, el crítico de arte Tériade invita a Brassaï a que fotografíe a Picasso, su estudio y sus esculturas para ilustrar el primer número de Minotaure, colaboración que dio paso a una larga y sincera amistad, alimentada por su mutua admiración. Al fotógrafo le fascina la  personalidad de Picasso, y Picasso admira su mirada sin prejuicios. Son dos amigos extranjeros en una gran ciudad: uno será para el siglo XX uno de sus grandes fotógrafos y el otro, el gran artista que cambió la historia del arte. Comparten un extraordinario don para la observación y una gran curiosidad. Ambos coleccionan extraños objetos, desechados y encontrados casualmente, y notable es su compartido interés por el arte primitivo, el denominado art brut, los huesos, la poesía y los grafitis. Tienen también en común su rechazo a centrase en una única disciplina, en su deseo de explorar otros territorios de creación.
 
Esta relación privilegiada y evidente complicidad le convirtió en testigo excepcional del íntimo mundo de Picasso: sus lugares de creación, sus obras, su entorno familiar y de amistades. De manera sistemática fotografío la obra escultórica del malagueño, ya que era de las pocas personas a quien Picasso permitía libre acceso a sus talleres, y el primero en fotografiar sus esculturas. El malagueño le abrió sucesivamente las puertas de sus estudios en Boisgeloup, la Boétie y Grands Augustins. Brassaï tiene una gran sensibilidad al detalle, sabe poner orden en el desorden y armar de una manera casi arquitectónica sus fotografías, ofreciendo una nueva dimensión a las obras creadas por Picasso y a los objetos y materiales de los que se rodea.
 
Uno de los escritos más importantes para conocer a Picasso es precisamente un libro de Brassaï, Conversaciones con Picasso (1964), fascinante texto en el que destaca la inmediatez y el detalle de aquel que escribe como fotografía. Esta crónica, que Brassaï acompaña con más de cincuenta instantáneas, arranca en septiembre de 1943 – once años desde su primer encuentro con el pintor – hasta septiembre de 1962, proporcionando dos décadas de un relato sobre Picasso y sobre toda una atmósfera de la que el pintor malagueño era el epicentro, a la vez que recorre la historia del arte y los acontecimientos de esos años. La relación entre Brassaï y Picasso permaneció intacta hasta la muerte del español en 1973. Brassaï falleció al sur de Francia en 1984 y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la ciudad que tanto él como Picasso amaron.
 
SEMINARIO, PUBLICACIÓN, AUDIOGUÍA Y ACTIVIDADES
Con motivo de la inauguración de su exposición El París de Brassaï. Fotografías de la ciudad que amó Picasso, el Museo Picasso Málaga organiza el seminario «París. La construcción de un mito» el martes 19 y miércoles 20 de octubre, en el que se abordará el imaginario universal desarrollado alrededor de la ciudad de París tanto en la historia de la fotografía, como en la de la literatura y en la del cine. Existen asimismo numerosos archivos recopilados por historiadores que dan fe de la construcción de la idiosincrasia y singularidad de una de las capitales más importantes en la historia de Europa y del mundo. Los ponentes de estas jornadas son Philippe Ribeyrolles, Estate Brassaï Succession; Ramón Esparza, Profesor retirado de la Universidad del País Vasco y comisario independiente; Jean-Pierre Montier, profesor emérito en la Universidad Rennes 2; David-Sean Thomas, director de exposiciones del Museo Departamental Albert-Kahn; Fernando Méndez Leite, crítico de cine; y el director artístico del Museo Picasso Málaga, José Lebrero Stals. 
 
Para la ocasión y en coedición con La Fábrica, el Museo Picasso Málaga ha editado Brassaï (París & Picasso), un fotolibro con ciento cinco fotografías a página completa y un extracto del texto en el que Henry Miller bautizó al fotógrafo como «el ojo de París». Se trata de una edición bilingüe, encuadernada en cartoné al cromo sobre papel estucado para resaltar los medios tonos y matices de sombras y luces de las obras. Esta publicación está ya disponible en la librería del Museo Picasso Málaga y próximamente se distribuirá también en librerías de españolas, europeas y norteamericanas.  
 
Como es habitual en todas nuestras exposiciones, también en esta ocasión el Museo Picasso Málaga ofrece a los visitantes tanto en español como en inglés, un servicio de audioguía (previamente desinfectado antes de su uso) para recorrer El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso. En la versión española, el actor Antonio Dechent ha prestado su carismática voz para dar vida al relato que el fotógrafo dejó en entrevistas y escritos, entre otros, Conversaciones con Picasso y Henry Miller. Los años en París.
 
Además, se propone una amplia programación formativa y cultural que versará, durante otoño e invierno de este año, en torno a la evolución de la imagen en el siglo XX, de la fotografía y el cine analógico hasta el digital, y sus conexiones con la literatura. Se organizan talleres de escritura creativa y de lectura, todo ello bajo la presencia de París, la ciudad que Picasso amó.
  
Se ha diseñado un espacio para el recuerdo, París. Photocall, en la atmósfera de un estudio de fotografía, se invita a los visitantes a trasladarse al mítico París inmortalizado por la cámara de Brassaï, y que da cuenta de una fascinante época a través de los recursos visuales y poéticos utilizados por el artista. Las instantáneas tomadas por los participantes podrán descargarse a través de las RRSS del Museo, o quién lo prefiera, tendrá la posibilidad de hacer las fotografías utilizando su móvil. Este espacio se ha realizado con la colaboración de Apertura. Centro de Fotografía y Artes Visuales.
 
Por otra parte, se pone en marcha el proyecto Las paredes de Málaga, en el que, de la misma manera que Brassaï creó su particular topografía visual de París, se plantea construir progresivamente, a partir de un gran plano urbano de Málaga, una representación de la ciudad que contenga la mirada fotográfica de sus habitantes. Este proyecto cuenta con la colaboración del OMAU.
 
La programación se complementa con talleres para adultos centra en la reproducción de imágenes a través de técnicas de cianotipia y el fotograbado. Así como se ha diseñado un extenso programa dirigido a los distintos niveles, talleres en Navidad y Semana Blanca. Por último, se retoma la programación de Museo en movimiento, en la que las familias podrán disfrutar durante las mañanas de los sábados de actividades artísticas en las que la fotografía o la ciudad serán protagonistas serán protagonistas.

(Cortesía Museo Picasso Málaga)

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